Amanece un nuevo día en la
ventana de Nadia, un día brillante, luminoso, como hacía mucho tiempo no veía.
Un día primaveral aun siendo el mes de Diciembre, el sol de la mañana le abría
los poros de su piel y con una inspiración fuerte le dio gracia a dios por el
día tan precioso que le había regalado. Después de varios meses de dura
recuperación de las heridas infringidas por la intolerancia machista de su
pareja, para Nadia comenzaba una nueva etapa en su vida, los años de color gris
se acabaron, los duros momentos, el miedo, la soledad, la incertidumbre, las
dudas, las noches sin dormir y las vejaciones se acabaron por fin.
Esa mañana, saboreando un café en
las manos, y por circunstancias de la vida, se derrumbó, todo se le vino abajo
cuando al pasar de la cocina a la salita se cruzó con el espejo del pasillo,
maldito espejo, malditos recuerdos, vio pasar por un momento, como la
brutalidad del ser humano se dibujaba en su cara y en cuerpo en forma de
arañazos, heridas, golpes y moratones, que a lo largo de los años le propinó su
pareja sentimental, tatuajes forzados e imborrables que perduraran por siempre.
Haciendo de tripas corazón, se
repuso, se secó las lágrimas de rabia e impotencia y comenzó a escribir en su
mente en el nuevo guion de su vida. Su juventud era su mayor apuesta, sus ganas
de vivir su mayor empuje y ser buena gente con los suyos, su motor.
En el transcurso de esa mañana
recibió muchas llamadas de ánimo, como casi todos los días y en especial de su
querida amiga Vero que llamaba a diario, ella fue su apoyo en los peores
momentos y fue un pilar importantísimo dándole fuerzas para seguir adelante y
salir del infierno en que vivía. Le animo a salir a la calle como en muchas
ocasiones, y en especial ahora con motivo del Carnaval. Le animaba que se
desprendiera del antifaz del temor y el miedo, ya que todo había acabado y era
el momento de hacerlo, que encontrara un disfraz lo más colorido posible, lo
más atrevido posible para dejar atrás todo el sufrimiento.
Nadia tras lo sufrido, vivía en
un mar de dudas, sus recelos se convirtieron en miedos y sus miedos en fobia,
le era muy complicado volver a subirse al barco de la normalidad, aunque la
ayuda psicológica que recibía había hecho grandes avances en su personalidad.
Era muy remisa a salir a la calle, y más, con las secuelas físicas que
maquillaban su rostro. Cruzarse con la gente en la calle era demoledor,
cabizbaja, mirando adelante y atrás, a derecha e izquierda, arriba y abajo,
dudando de todos lo que se movía. Tras meditar durante toda la mañana y cuando
su estado de ánimo se levantó, correspondió a la invitación de su querida amiga
Vero.
Con el ánimo renovado y con mucha
ilusión se puso a buscaren los cajones y armarios de su nuevo apartamento para
ver que disfrazse podía poner y con la mente puesta en otra cosa se le paso la
mañana volando.
Llegado el momento de salir, su
amiga Vero subió hasta su casa para acompañarla desde el primer momento y no
dejarla sola. Acabaron de disfrazarse, Nadia cogió aire y se dispuso a salir de
casa. Hacia bastante tiempo que no la hacía y por un momento el subconsciente
le decía que no. Vero, con mucho cariño y mucho tactoanimó a Nadia a hacerlo y
empezaron a bajar las escaleras hacia el portal.
Lo que, para algunos, el hecho de
dar un paso para salir a la calle es natural, para Nadia suponía un mundo, pero
con coraje lo hizo. La sensación de pisar la calle fue indescriptible. El
brillo de sus ojos le cegaban para el arco iris de colores que inundaba la
calle, la tenue sonrisa que dibujaba en su cara le impedía ver la sonrisa de
los demás y su nerviosismo que corría por su cuerpo le
impedía oír el alboroto de la charangas y murgas que por la calle iban cantando
y tocando. La felicidad invadió su cuerpo y su mente e intentaba no perderse
ningún detalle de lo que estaba viviendo porque era algo mágico después de todo
lo pasado.
Lo más importante en esta vida es,
que todas las mañanas sale el sol para todos, unos lo ven como algo cotidiano y
a otros les da la luz y el calor para seguir viviendo.
Fin
